Descubra Cáceres

caceresmedievalat art 0000s 0011sMientras la historia seguía su curso y la ciudad extramuros retomaba el pulso del presente, el mundo de dentro de las murallas cacereñas quedó maravillosamente retenido en el tiempo. Su admirable entramado arquitectónico fue declarado Patrimonio de la Humanidad en 1986.

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Casi sin sentir cae el manto oscuro de la noche sobre la Plaza Mayor. Queda diluido en los brillos de la iluminación nocturna y el alegre bullicio. El trasiego cotidiano de este espacio rectangular, rodeado por fachadas blancas sostenidas por soportales, entre las que se alinea la del ayuntamiento, será ahora el del deleite nocturno. Al fin nada parece tan importante mientras el tiempo discurre sereno en alguna de las terrazas. Y, sin embargo, qué imponente sigue siendo la presencia de la torre de Bujaco, con sus impositivas almenas y el recuerdo perenne de que ahí sigue, entero y eterno, el laberinto pétreo de la vieja ciudad amurallada. En Cáceres, la emoción de la historia es una vivencia tan real como mágica.

caceresmedievalat art 0000s 0009sA la Plaza Mayor se asoman con hermoso realismo las torres de la muralla, que erigieron los árabes sobre sillares romanos. Así empiezan a bailar los tiempos, a mezclarse los siglos, y entonces el tránsito es puro y fabuloso encantamiento. Ya se intuyó la sensación en el centro de interpretación de la misma torre de Bujaco, desde cuyas almenas se avista el perfil de torres de distintas épocas e inspiraciones. Ya se sintió en el paseo diurno intramuros, y se querrá vivir de nuevo ahora que la Cáceres amurallada resplandece iluminada en la noche. Escalera arriba, para acceder de nuevo al sortilegio y a la realidad a través del Arco de la Estrella, que en el msiglo XVIII sustituyó a la antigua Puerta Nueva. En la sombra de la noche y del tiempo se esconden las piedras romanas que fortificaron la Colonia Norbensis Caesarina, fundada por el cónsul Lucio Cornelio Balbo en el año 25 a.C. De adobe fueron las murallas que levantaron los almohades en el siglo XII y que en gran parte siguen en pie. El relato del tiempo de esplendor árabe se hace explícito en la torre redonda, unida al palacio de Carvajal, o en el aljibe del antiguo alcázar, hoy integrado en la Casa de las Veletas. Escenas tangibles de mundos desparecidos. El encantamiento se multiplica en detalles. El paseo ya se adentra por entre las callejuelas, bajo la recoleta luz de las farolas y el deslumbre seductor de las fachadas y palacios. Todo lo sabido en el recorrido diurno flota ahora en el misterio de caceresmedievalat art 0000s 0008slas penumbras. Aquellos momentos de un nuevo comienzo tras la Reconquista en el siglo XIII, cuando la ciudad era repoblada por gentes que vinieron de Galicia, Asturias y León, que se convertirían en señores de la ciudad recobrada para la cristiandad, y serían sus mansiones fortificadas el escaparate espléndido de su poder. Palacios al fin, retocados y matizados por el gusto gótico, renacentista e incluso barroco y neoclásico, que serían con el tiempo icono y carisma de la Cáceres monumental e intemporal. Las torres, como bastiones del elevado linaje, aún se conservan de alguno de estos nobles edificios, aunque fueron desmochadas por mandato de la mismísima Isabel la Católica, quien, durante su estancia en la ciudad, puso fin a los continuos enfrentamientos entre los nobles locales y quiso que sus casas no fueran fortalezas. Así, muchas de ellas dejaron atrás la defensiva austeridad y se adornaron al son de las modas de los siglos. Así se convirtieron en los palacios que hoy caceresmedievalat art 0000s 0007smuestran su atesorada prestancia en torno a la concatedral de Santa María, con el porte gótico de su sillería de granito, y a la plaza del mismo nombre. No se achantan las grandes mansiones ante la solemne presencia del templo, y ahí está la elocuencia gótica y renacentista del palacio de Mayoralgo, con el gustoso detallismo de su patio interior mudéjar; o el ya mencionado de Carvajal, en cuyo patio renacentista pervive una higuera centenaria; o la solera del arco almohadillado de la fachada del palacio Episcopal. Los detalles y blasones se hacen más rotundos en la noche, cuando la bocanada de luz de los focos alarga su sombra y su profundidad. Iluminada por el sol o por la luz artificial, la escena muy reconocible que compone el palacio de los Golfines de Abajo se hace con todas las impresiones: las muy reales que contiene su arquitectura, que funde los aires de fortaleza del siglo XV y de palacio del XVI, y las imaginadas sobre asuntos de vida y poder que sugiere su enhiesta torre. Ya había inspirado la fantasía el hecho de saber, por ejemplo, que tan magna mansión fue residencia de los Reyes Católicos, que tuvieron a bien librar de la prohibición de levantar torres al capitán Diego de Cáceres Ovando, paladín de los monarcas. Y ahí quedó para la posteridad, en la plazuela de San Pablo, el palacio de este significado señor, orgullosamente abrazado a la esbelta torre de las Cigüeñas.

caceresmedievalat art 0000s 0006sTanta rimbombancia de títulos y atalayas reverbera en el silencio de la noche, y es como si la iluminación nocturna tuviese la tarea obligatoria de enfatizarla aún más. Fachadas con nombre, apellidos siempre sonoros, duras paredes, y sin embargo el conjunto urbano de la vieja Cáceres no deja de ser accesible, acogedor, íntimo. Y es que las estrechas calles protegen el aire y el tránsito, las fachadas de los palacios en realidad se abarcan en una mirada, la sillería de granito se hace finalmente familiar.

Acaso sea también la comprensible sencillez que, aparte del detallismo de ventanas y blasones, lucen los palacios. Acaso sea la sureña calidez, que no deja de colarse por los rincones.

caceresmedievalat art 0000s 0005sPor eso no llegan a apabullar las casas palaciegas que se alinean en torno a la plaza de San Mateo. Ornamento en esa armonía muestra el palacio de los Paredes Saavedra, el de Lorenzo de Ulloa “el Rico” o la aludida Casa de las Veletas, con su fachada barroca y los pináculos a los que debe el nombre. caceresmedievalat art 0000s 0003sDe nuevo las aristocráticas mansiones enfrentan sus líneas rotundas a la iglesia que da nombre a la plaza, que ocupa el lugar de la antigua mezquita mayor y que preside la plaza desde su sobria factura gótica. Otros matices rozan la realidad arquitectónica y su encantamiento en la cercana iglesia de San Francisco Javier: su fachada barroca escoltada por dos torres blancas evocan ciertos aires de los vecinos templos portugueses. Otras historias narran las callejuelas del barrio de San Antonio, que fue sitio de judería hasta 1478. Otros tiempos recrea la iglesia de Santiago, ya extramuros, fundada en el siglo XII por los Fratres de Cáceres, antecedente de lo que sería la Orden de Santiago. El eco de los siglos también resuena fuera de las murallas.

caceresmedievalat art 0000s 0004sFuera de la fortificación tuvo que construir su palacio, con torre y hermosa ventana de esquina, el señor Francisco Godoy Aldana en el siglo XVI con las riquezas que se trajo de América, donde había acompañado a Francisco Pizarro en sus campañas. Fuera del recinto almenado continúa la vida de velada nocturna en la Plaza Mayor mientras el mundo de intramuros adormece entre focos y penumbras, alojando la realidad de su primor arquitectónico y todas las escenas imaginables entre sus renglones de historia. En la misma plaza se pueden asimismo vislumbrar sus días antiguos, cuando se llenaba del rumor de festejos, ferias y procesiones. Muy intenso e ineludible se hace en Cáceres ese maravilloso don de las ciudades históricas: pasear por los siglos y, precisamente por eso, vivir con más ahínco el presente.-